sábado, 18 de mayo de 2013

Nelly Sachs: Viaje a la transparencia


La obra poética de Nelly Sachs se ha dividido, con la finalidad de sistematizar, en tres periodos. El primero iría de 1943 a 1949, y cuenta con títulos como En las moradas de la muerte o Eclipse estelar. El segundo, de 1950 a 1960, siendo sus obras clave Fuga y transfiguración y Viaje a lo ausente de polvo (también traducido como Viaje a la transparencia). El tercero, de 1961 a 1965, con poemarios como Enigmas incandescentes o Divídete, noche.
Escritora de origen judío alemán, en sus textos es fundamental el tema judío: no sólo como la plasmación de una de las más angustiosas escrituras sobre el Holocausto (buena parte de su familia fue víctima), sino también por el uso e interpretación que hace de elementos culturales como la Cábala o la tradición jasídica. Aparte de un tema personal (la muerte de su amor de juventud), eso está presente en Las moradas de la muerte. En esas moradas el anfitrión es la muerte; pero de ellas hay salida a través del sufrimiento. Hay un símbolo místico clave: el polvo, que es tanto fugacidad como liberación,  y así el espíritu poético se abre a lo cósmico. En los Coros, los muertos, los superviviente, las cosas dicen sobre el Holocausto, como en el Coro de las estrellas: “Nuestra hermana la tierra se ha vuelto la ciega / entre las figuras luminosas del cielo. / Un grito se ha vuelto / entre los que cantan. / Ella, la más llena de anhelo / que comenzó su obra en polvo: formar ángeles. //  .... // Derramada en la noche yace ella / como vino en las callejuelas.” Poemario del sufrimiento al enfrentar la muerte: tanto la colectiva como la particular.
En su etapa intermedia, quizá la más plena, tras Fuga y transfiguración, escribe Viaje a la transparencia. La primera es una obra en la que aparecen plenamente desarrollados varios de los conceptos poéticos de Nelly Sachs. La transfiguración como transformación de la materia poetizada en imágenes y metáforas. La transformación de lo cotidiano en cósmico se hace patente. Y para alcanzar esa transformación es preciso una fuga previa. Y la poeta cuenta, además, con la lucidez precisa como para conocer que la experiencia para alcanzar esa transfiguración tiene que ser por medio de la vía del dolor.
El Viaje a la transparencia significa el paso de lo efímero, el polvo, a una realidad transcendida. El viaje es la propia meta: ir más allá de lo perecedero, tratar de alcanzar la limpidez: “Cráteres y mares secos / llenos de lágrimas / viajando por estaciones estelares / hacia donde el polvo es ausente.” Hay que “desaprender el mundo” (de nuevo el motivo de la fuga), e iniciar ese viaje, “esa tarea exacta / cuya solución / le es entregada a los moribundos.” “Por doquier la tierra / construye sus colonias de nostalgia. / No para aterrizar / en los océanos de la sangre ávida / sólo para mecerse / en la luz de música de flujo y reflujo / sólo par mecerse / en el ritmo del ileso signo / de eternidad: / vida-muerte-” La eternidad habita en ese constante ir y venir, en un ritmo de ausencia presencia que impone el encuentro inacabado e inacabable entre la vida y la muerte.
El guión al final de un verso, como en el poema anterior, o como en otros (“En vano / se queman las cartas / en la noche de las noches / en la hoguera de las fugas ... ahí en el papel / que muriendo canta: // fue al principio / fue / amado / fue-”), simboliza el límite más allá del cual es imposible ir, porque lo que viene detrás es inefable, no se puede concretar en palabras. Por eso, a la poeta sólo resta el silencio que impone ese guión, que puede también identificarse con esa transparencia tan anhelada.
Como anhelo es también el dirigirse al amado ausente, representado como La silueta: “Esto es lo que queda- / con mi mundo te fuiste tú / cometa de la muerte. / Lo que queda es el abrazo / del vacío / un anillo girando / que perdió su dedo.”  “Todo ha emigrado contigo / Toda mi posesión está expropiada- // sólo bebes tú de mi lo más amado / las palabras del aliento / hasta que yo enmudezca-”. De nuevo las figuras de la ausencia (lo más personal ha sido expropiado), de la fuga, del desamparo ante un vacío tangible, de la muerte como una constante permanente en la obra de la poeta.
En este breve libro –quizá el menos extenso de su autora–, sólo constituido por nueve poemas, se concentran muchos de los motivos y, desde luego, de las formas y técnicas, de la poética de Nelly Sachs. Es un viaje de lo empírico (“noche terrenal pintada”) hacia un espacio más allá, que puede ser también el propio interior (“buscando los caminos interiores de los ojos”). Constituye la preparación de un viaje que es, a su vez, superación; incluso de la muerte: “Boca / succionando en la muerte / y rayos estelares / con los secretos de la sangre / salen de las venas / en las que el mundo fue a abrevar / y floreció.” Si el mundo de imágenes y símbolos en la obra poética de Nelly Sachs del periodo anterior era rico en motivos animales (pez, mariposa), en este segundo periodo recurre a metáforas donde se fusiona los nombres concretos y abstractos (“huracán del adiós”, “equipaje del amor”), para enlazar ambas esferas, para fundamentar ese viaje que trascienda la realidad, con la intención de alcanzar una metáfora absoluta de los motivos.

© Copyright Rafael González Serrano

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